A few days after the third anniversary of the signing of the Havana agreements, we must express our deep concern for the critical state of the implementation of the peace agreement in Colombia. We reiterate that there is an enormous distance between presidential statements affirming his commitment to comply with what was agreed upon in the Havana agreements, and the practices and actions of the government.

In addition to the repeated attempts to revise substantial aspects of the Agreement, as seen in the failed presidential objections to the Statutory Law of the JEP (Special Jurisdiction for Peace), it is evident that the purpose of breaking its integrity is to strip it of its transformative potential, particularly in critical áreas such as of integral rural land reform, political participation and democratic openness, and the solution to the problem of illicit drugs. In these fields, there is ignorance, inaction, paralysis and even regression, as in the case of the policy of voluntary substitution of illicit crops.

The Duque government is mistaken when it considers that the peace agreement can be simplified, among others, first, by the appearance of former FARC-EP members at the JEP, putting undue pressure on it to seek sanction and punishment; second, by socio-economic reintegration through productive projects of lesser scope; and third, by the reduction of the Integral Rural Reform to the Development Programs with Territorial Approach – PDET, which carries out its program of stabilization and territorial consolidation with a neoliberal approach. This comes in addition to the alteration of the contents and original purposes of the Land Fund, the formalization of small and médium properties and the Multipurpose Cadastre.

Once again we must affirm that the reforms contained in the Peace Accord were conceived for the benefit of the whole of Colombian society and, especially, to favor the interests and living and working conditions of the humble and dispossessed, with integral and synchronous conditions of implementation. Likewise, a successful reincorporation, in addition to guaranteeing the preservation of the community life of those with a  guerrilla experience, is based on the aforementioned conditions.

We perceive that the required guarantees for this integral reincorporation are not being fulfilled. In addition to the continuing imprisonment of 400 ex-guerrillas who signed the peace agreement, 168 of these men and women have been murdered. In this last aspect, we also highlight the complete non-application of point 3.4 of the Peace Agreement on security guarantees, which also constitutes a necessary system to confront the systematic assassination of social leaders, which in the year 2019 exceeds 590 assassinations. Attacks and threats against lawyers defending political prisoners and former FARC combatants, as well as leaders of land recovery and restitution processes, are also common.

Finally, we denounce and reject the threats received by paramilitary groups against members of the Corporacion Solidaridad Juridica, a member organization of the IADL, and against different Colombian lawyers and defenders on Saturday, 9 November, by paramilitary groups that call themselves “Aguilas Negras” (Black Eagles) through telephone messages. We express our solidarity and demand guarantees and respect for rights from the Colombian government.

Brussels, Belgium
10 November 2019

 

 

Bruselas 10 Noviembre de 2019

Corporacion Solidaridad Juridica-IADL

Colombia

A pocos dias de cumplirse 3 años de la firma de los acuerdos de la HAbana debemos manifestar nuestra honda preocupación por el estado crítico de la implementación del Acuerdo paz, y reiterar que existe una enorme distancia entre el discurso presidencial sobre su compromiso de cumplir lo convenido en los acuerdos de La Habana, y las prácticas y ejecutorias del gobierno.

Además de las reiteradas pretensiones de revisar aspectos sustanciales del Acuerdo, como se apreció en las fallidas objeciones presidenciales a la Ley Estatutaria de la JEP, es evidente el propósito de romper su integralidad para despojarlo de su potencial transformador, particularmente en puntos nodales de la reforma rural integral, la participación política y la apertura democrática, y la solución al problema de la drogas ilícitas. En esos campos, se advierte el desconocimiento, la inacción, la parálisis e incluso la regresión, como en el caso de la política frente a la sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito

Se equivoca el Gobierno de Duque cuando considera que el Acuerdo de paz puede ser simplificado, entre otros, primero, a la comparecencia de los exintegrantes de las FARC-EP a la JEP, presionándola indebidamente para buscar la sanción y el castigo; segundo, a la reincorporación socioeconómica a través de proyectos productivos de menor alcance; y tercero, a la reducción de la Rreforma Rural Integral a los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial – PDET en función de su política de estabilización y consolidación territorial con enfoque neoliberal, así como a la alteración de los contenidos y propósitos originales del Fondo de Tierras, de la formalización de la pequeña y mediana propiedad, y del catastro multipropósito.

Un vez más debemos afirmar que las reformas contenidas en el Acuerdo de paz fueron concebidas para el conjunto de la sociedad colombiana y, especialmente, para favorecer los intereses y condiciones de vida y de trabajo de los humildes y desposeídos, sobre presupuestos de integralidad y sincronía en la implementación. Asimismo, que una reincorporación exitosa, además de garantizar la preservación de la experiencia guerrillera de vida en comunidad, se sustenta en los señalados presupuestos.

Percibimos que no se están dando las debidas garantías para la reincorporación integral. A la continuidad en la cárcel de cerca de 400 de exguerrilleros que firmaron el acuerdo de paz, se agrega  el asesinato de 168 de estos hombres y mujeres. En este último aspecto, la no aplicación intregral del punto 3.4 del Acuerdo de paz sobre garantías de seguridad, que constituyen además un verdadero sistema para enfrentar también el sistemático asesinato de líderes y lideresas sociales que en lo corrido de 2019 supera los 590 asesinatos. El ataque y amenazas a los abogados defensores de prisioenros politicos y excombatientes de las FARC, asi como a lideres de procesos de recuperacion y restitucion de tierras.

Por ultimo denunciamos y rechazamos las amenzas recibidas por grupos paramilitares contra miembros de la Corporacion Solidaridad Juridica, organización miembro de la IADL y contra diferentes abogados y defensores colombianos el dia sabado 9 de noviembre por parte de grupos paramilitares que se autodenominan “Aguilas Negras”a travez de mensajes telefonicos,  manifestamos nuestra solidaridad exigimos al gobierno de colombia garantias y respeto a los derechos.